sábado, 29 de marzo de 2008

crítica: "Niebla" de Miguel de Unamuno


Dos temas principales son los que se presentan en las obras de Unamuno: España (planteado como europeísmo frente a casticismo) y el tema existencial. De ellos es el segundo el que predomina (aunque el primero no está ausente) en Niebla, cuyo protagonista recoge las dudas y contradicciones de su creador. En la época en que escribe Niebla (1907) las inquietudes existenciales de Unamuno prevalecen sobre sus preocupaciones sociales.

El protagonista, Augusto Pérez, sale un día de su casa y se encuentra con Eugenia, de cuyos ojos se enamora. Empieza entonces un viaje iniciático, una odisea en busca de unas respuestas que nunca encontrará. Todo termina para Augusto, cuando abandonado por Eugenia, se presenta en casa de su creador en busca de una explicación de su propia existencia. Pero no consigue sino constatar que su vida de personaje de ficción está en manos del autor que le ha creado. Augusto muere, y en el juego de espejos entre la realidad y la ficción en que transcurre la novela, el lector duda si el personaje ha tenido o no libertad de decidir sobre su propio final.

Las tres partes en que puede dividirse la novela responden a las tres etapas por las que transcurre la vida interior del protagonista. En la primera etapa, Augusto sale de casa a conocer el mundo (La primera frase de la novela es: Al aparecer Augusto a la puerta de su casa…) y encuentra los ojos de Eugenia (…y tras de sus ojos se fue, como imantado y sin darse de ello cuenta, Augusto). La segunda parte, la más extensa, abarca desde las dudas del protagonista (Di, Liduvina, ¿en qué se conoce que un hombre está de veras enamorado?) hasta el definitivo desdén de su amada expresado en una breve carta. La tercera y última parte incluye la visita del personaje a su creador y su muerte.

Aunque suele adscribirse a Unamuno a la Generación del 98, esta circunstancia nos dice poco sobre la naturaleza de sus obras, ya que numerosos críticos han puesto de relieve la diferente personalidad de los escritores de esta generación. Algunos relacionan a Unamuno con la corriente existencialista (Camus, Sartre…), con la que tiene puntos en común, pero Niebla, como su autor, no parece encajar fácilmente en ninguna corriente literaria. Unamuno quiso siempre mantenerse ajeno a toda clasificación o como dice Julián Marías (Literatura y generaciones): Unamuno nunca está leyendo de reojo un texto para saber qué debe pensar. Estamos frente a una obra original, en estructura y planteamiento, a la que cabe considerar como un precedente de la novela del siglo XX: multiplicidad de planos y puntos de vista, carácter metaliterario, monólogo interior, protagonista tipo antihéroe perdedor, son notas que pueden encontrarse en la novela a lo largo del siglo.

El sentido de la existencia en la obra de Unamuno responde a las contradicciones del autor, que podrían esquematizarse como los pares de opuestos: muerte-inmortalidad, razón-fe y ciencia-religión. Estas contradicciones existenciales no son distintas de las que lleva dentro la mayoría de los mortales, de donde puede extraerse el carácter universal de la obra de Unamuno. A pesar de pertenecer a diferentes géneros literarios, Niebla responde a los mismos conflictos que la obra Del sentimiento trágico de la vida publicada un año antes.

Lo autobiográfico en la obra de Unamuno tiene carácter existencial y psicológico. El autor proyecta su propio yo en sus personajes de ficción, los cuales sufren las mismas dudas y contradicciones que el propio Unamuno. Así, Augusto Pérez se siente desesperado por su condición de ente de ficción, creado por un autor y cuya vida depende de él. En una visita a Unamuno, Augusto le hace ver que él, don Miguel, es exactamente lo mismo, un sueño de un ser superior, Dios, y que también está destinado a morir cuando Dios quiera. En el sacerdote que protagoniza la obra San Manuel Bueno, mártir, encontramos un personaje que es un claro trasunto -más aún que Augusto- del propio autor.

Niebla es, entre otras cosas, una metanovela, porque reconoce su carácter de obra de ficción y así lo manifiesta de diversas formas: crítica y teorización literaria explícitas, supuesta libertad del protagonista, reflexión sobre el lenguaje, etc. La novela cuenta con un prólogo tan ficticio como el resto del texto. No es ocioso recordar aquí que en Cómo se hace una novela Unamuno alude elogiosamente a la obra de André Gide Los monederos falsos, reconocido paradigma de la metanovela.

En Niebla encontramos dos dimensiones interrelacionadas: la existencial y la metaficticia, que remiten una a la otra a lo largo de la obra y que crean en la novela dos niveles de significación entrelazados. Las conjeturas metafísicas en torno a las relaciones entre Dios y sus criaturas se hacen por analogía a la relación entre el autor-creador y sus personajes. El ser humano, como ente de ficción, es el protagonista de la novela que escribe Dios.

Referidos en Días del futuro pasado:
Unamuno: Escritura y lenguaje

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas gracias por la informacion

Francisco Fernández dijo...

Una crítica muy completa por tu parte. Se agradece un análisis breve y conciso :)

Aprovecho para compartir el audiolibro de 'Niebla': https://www.youtube.com/watch?v=fwydVJybyP0

Espero que os ayude a leer (o releer el libro)